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Carácter y destino | Marcelo Barros | Psicoanalista
CLÍNICA
Carácter y destino
por Marcelo Barros

Argumento

La etimología de la palabra “carácter” está estrechamente ligada a la dimensión de lo escrito. El latín character designa el estilo de un escritor. En su primera acepción, el carácter es la “señal o marca que se imprime, pinta o esculpe en algo”. Designa tanto el hierro de marcar ganado como la marca que tal hierro produce. Así vemos una significación similar a la de “estilo”, que es tanto el modo de escribir como el punzón con que se escribe. Es un término que, por lo tanto, alude tanto al nombre como a lo nombrante. En tal sentido el carácter podría ponerse en consonancia con la oposición entre Nombre del Padre y Padre del Nombre. Otra acepción importante es la de la condición dada a alguien por la dignidad o función que desempeña, como cuando alguien dice “en mi carácter de juez”, etc. Así el carácter puede identificarse con el lugar que se tiene en el Otro.

En principio la noción de carácter nos remite a lo que Freud designa como “defensa primaria” en su conceptualización de la neurosis obsesiva. Esta idea es solidaria de la de “formación reactiva”. Pronto se aprecia que el término “carácter” y la idea de “neurosis de carácter” conllevan no pocas imprecisiones y dificultades. En muchos casos veremos que el carácter no es más que una forma de presentación, en el nivel del yo y de lo imaginario, de la solución fantasmática del neurótico. Sin embargo, en otros casos la idea de “neurosis de carácter” parece apuntar a una zona gris entre la neurosis y la psicosis y a un tipo de defensa que, siendo del orden de la represión, guarda algunas similitudes con el fenómeno psicótico. Esto hace que lo que muchos post freudianos vieron bajo la óptica de la noción de resistencia se presente aquí como una dimensión del narcisismo que determina cierta inanalizabilidad del sujeto, sin por ello entrar en el campo de la psicosis.

Para pensar esta idea tomaremos dos referencias de Lacan. La primera, y la más importante está en la página160 del Seminario 5, cuando se afirma, ya tempranamente y mucho antes del Seminario 23, que no sólo es importante tener el Nombre del Padre sino saber servirse de él. Pero el verdadero nudo de la cuestión está en la misma página, un poco más arriba, cuando sostiene que tener un nombre es importante pero eso no es suficiente para que se acceda a él (“Un nombre nunca es un significante como los otros. Sin duda es importante tenerlo, pero ello no significa que se acceda a él”)

Hay entonces aquí una idea, que es la de que se puede tener un nombre pero no tener acceso al uso de ese nombre. ¿Qué significa el “uso”? ¿Qué significaría una inscripción del Nombre del Padre que, sin embargo, no permita servirse de él?

La otra referencia, más conocida, es la del “nombrar para” del Seminario 21. Hay una alusión ahí a la psicosis, y al rol social como muleta imaginaria. Sin embargo ahí Lacan está hablando de un fenómeno social y generalizado, con lo cual se podría pensar en una condición neurótica especial que se mostraría refractaria a la constitución del sujeto de la experiencia analítica y que guardaría alguna similitud con la psicosis, sin salir cabalmente del campo neurótico.

Creo que esto último es acaso apreciable en las neurosis de destino. Es éste otro término vago y poco confiable, pero mi tesis (nada novedosa) es que en la neurosis de destino se observa un retorno en lo real de lo reprimido que no es del orden del fenómeno elemental y de la psicosis. Este retorno en lo real da cuenta de un modo especialmente virulento de la represión que determina que sus retornos no sean subjetivables. Tal retorno se manifiesta en la enfermedad orgánica, en el fenómeno psicosomático, pero también en el encuentro “demoníaco” (la expresión es de Freud) con un partenaire sintomático o con el significante del destino trágico del sujeto pero como proveniente desde lo real. El ejemplo es el del paciente que “sabe” que morirá en tal edad y la muerte se produce efectivamente pero en un accidente en el cual él no ha tenido participación, ni modo alguno de provocarlo. La idea de neurosis de destino, como veremos, guarda muchos puntos en común con la de neurosis de carácter.

 

El diccionario de psicoanálisis

a. Neurosis de carácter
Tipo de neurosis en la cual el conflicto defensivo no se traduce por la formación de síntomas claramente aislables, sino por rasgos de carácter, formas de comportamiento o incluso una organización patológica del conjunto de la personalidad.

Admiten que el término “neurosis de carácter”, aunque de uso común, no posee un sentido muy preciso.

Los mecanismos invocados a menudo en la formación del carácter son la sublimación y la formación reactiva. Esta última evita las represiones secundarias al realizar una modificación definitiva de la personalidad. La defensa caracterológica se diferencia del síntoma por su relativa integración al yo. Se destaca siempre su preponderancia en la estructura obsesiva.

Un punto interesante lo establece la posición de Henri Sauguet, quien reserva el término exclusivamente para una estructura psicopatológica original en que “la infiltración del yo es tan importante que determina una organización que recuerda la de la estructura prepsicótica”.

b. Neurosis de destino
Designa una forma de existencia caracterizada por el retorno periódico de las mismas concatenaciones de acontecimientos, generalmente desgraciados, concatenaciones a las cuales parece hallarse sometido el sujeto como a una fatalidad exterior, mientras que, según el psicoanálisis, se deben buscar los factores de este fenómeno en el inconsciente y, específicamente, en la compulsión a la repetición.

La denominación no tiene valor nosográfico sino descriptivo. Se la vincula a las neurosis asintomáticas como las de carácter, o fracaso. Se la puede distinguir, sin embargo de la neurosis de carácter como repetición de un ciclo aislable de acontecimientos. Aquí “el sujeto no tiene acceso a un deseo inconsciente que le vuelve desde el exterior”.

(J.Laplanche, J.-B.Pontalis, Diccionario de psicoanálisis, Editorial Labor, Barcelona 1981)

En ambos casos, pero sobre todo en la neurosis de carácter, parece haber una falla en la función de la excepción. No hay una excepción sintomática, o, dicho de un modo acaso desprolijo, el síntoma “no hace excepción”. Cabe recordar que la dimensión de la excepción es esencial a la Ley. La ausencia de excepciones es solidaria del imperio de la regla, del “orden de hierro”, de la primacía de un nombre bajo condiciones que no permiten el acceso a él, o sea, servirse de él.

 

La noción de carácter según W. Reich

La posición de Reich es contestataria. Es un defensor de la prevención de la neurosis, a la que ve como “un resultado de la educación patriarcal”. La estructura de carácter es para él “la cristalización del proceso sociológico de una determinada época”. Se presenta como un defensor de “las libertades del matriarcado”.

La coraza caracterológica es solidaria de la resistencia caracterológica y de una incapacidad para seguir la regla fundamental. El carácter, en Reich y en todos los autores, aparece como algo que se presentaría en principio como “inanalizable”, como inercial y contrario a la dialéctica analítica. Es identificado con la idea de una “barrera narcisista”. Frente a ello, la estrategia de Nunberg, por ejemplo, es la de la educación, información, tranquilización. La otra técnica es la de “reemplazar las medidas pedagógicas por interpretaciones analíticas”. Esto último es lo que condujo al análisis del carácter. Reich ve en el carácter una forma de reacción típica, determinada por las experiencias infantiles del mismo modo que lo están los síntomas y las fantasías. Hay entonces, para Reich, una homología pero no una identidad entre carácter, síntoma y fantasma.

Distingue, junto con Glover y Alexander, entre neurosis caracterológicas y neurosis sintomáticas. Pero relativiza esta distinción en tanto “la base de una neurosis sintomatológica es siempre un carácter neurótico”. En tal sentido, para Reich “todo análisis debe ser un análisis del carácter”. Hace del carácter, entonces, el núcleo fuerte de la neurosis.

A diferencia del síntoma, el rasgo de carácter está “incorporado orgánicamente a la personalidad”; además el síntoma “nunca está racionalizado tan a fondo como el carácter”. Surge un “él es así”. La coraza caracterológica es esencialmente un “mecanismo de defensa” por el cual se establece “un constante ligar de la angustia”. En un paciente “la resistencia caracterológica es siempre la misma y sólo desaparece con las raíces mismas de la neurosis”. Se trata de “un factor constante de naturaleza formal”.

“El carácter consiste en una alteración crónica del yo, a la que podríamos calificar de rigidez. Es la base de la cronicidad del modo de reacción característico de una persona. Su significado es la protección del yo contra peligros exteriores e interiores. Como mecanismo de protección que se ha hecho crónico, puede denominársele con todo derecho una coraza. Esta coraza significa inevitablemente una disminución de la moviliad psíquica total…”

Se destaca el “endurecimiento del yo” y el estatuto inhibitorio del carácter. Para Reich se trata en esencia de “un mecanismo de protección narcisista”.

Reich admite un carácter histérico, al cual ve como “el tipo más sencillo de coraza caracterológica”. En la histeria “la coraza está mucho menos solidificada, es mucho más lábil que en el carácter compulsivo”.

(W. Reich, Análisis del carácter, Paidós, Buenos Aires, 1965)

Ese “constante ligar de la angustia” hace pensar en las relaciones del carácter con lo pulsional, y en el fracaso de la función de la excepción, por un lado, así como en cierta ausencia de la tyché, como si el automatón de la repetición tuviese un imperio casi absoluto que no dejase lugar a la contingencia de alguna formación del inconsciente que confronte al sujeto con su división. La “coraza” caracterológica nos remite a Lacan quien la piensa más bien como un escudo, y hablar de escudo es hablar del nombre, de un S1 que coagula y petrifica al sujeto. No hay en este caso progresión hacia el discurso histérico. Es un escudo del cual el sujeto, en cierto modo, no puede servirse.

 

El carácter en O. Fenichel: las neurosis modernas

En Fenichel también el problema del carácter está ligado al problema de las resistencias. Ya aquí, mucho antes de la edición consultada que es de 1966, se habla de los pretendidos “nuevos síntomas”, haciendo una distinción entre las “neurosis clásicas” y las “neurosis modernas” en las cuales “desaparece toda línea de demarcacion entre personalidad y síntoma. Al igual que para Reich, Fenichel piensa que lo refractario de las nuevas neurosis es algo que se debe atribuir a un cambio social.

“En lugar de un conflicto viviente entre impulso y defensa, lo que hallamos son residuos congelados de conflictos anteriores”. Hay un tipo de “represión definitiva –de una vez por todas- que produce cambios crónicos y endurecimiento de la personalidad”.

El carácter se define siempre como modalidad basal de reacción. Según el autor, “los modos habituales de adaptación del yo al mundo externo, al ello y al superyó, y los tipos característicos de combinación de estos modos, es lo que constituye el carácter.”

“Carácter, por definición, quiere decir predominio de cierta constancia en las maneras que escoge el yo para la solución de sus tareas.”

Distingue entre rasgos de carácter de tipo sublimado y de tipo reactivo. Distingue además entre rasgo de carácter y trastorno del carácter.

Intenta una clasificación según la conducta patológica frente al ello, el superyo o el mundo exterior. También distingue rasgos orales, anales, fálicos, etc. Y establece la noción de carácter genital.

Hay un punto interesante en la referencia a los caracteres de acting out y las neurosis de destino. Señala el carácter aloplástico del síntoma o la conducta sintomática.

(O. Fenichel, , Teoría psicoanalítica de las neurosis, Paidós, Buenos Aires, 1966)

Se ve en Fenichel, al igual que en Reich, la idea del carácter como “solución final e inapelable”. Esto abre una distinción, porque en muchas neurosis la solución caracterial no se muestra como inapelable. Esto hace pensar que una “verdadera” neurosis de carácter es algo que tal vez se distinga de la mayoría de las neurosis. Ese modo final e inapelable de la solución caracterial nos remite otra vez a la complejidad de la noción de Nombre del Padre. La solución es neurótica, pero es como si no pudiera ser inmersa en la diacronía temporal del análisis, como si el sujeto permaneciera en el instante de ver, en lo que Miller designa como lógica de las estatuas, en la que las cosas están decidias de una vez por todas y para la eternidad.

 

D. Rabinovich: el carácter como forma sintomal del yo

Diana Rabinovich señala en un artículo clásico la homología entre fantasma y yo aclarando que se trata de una equivalencia de posiciones en el grafo y no de una identidad. Todo su trabajo tiende a hacer valer la articulación entre el yo y el objeto a, para poner de manifiesto el fundamento real de la inercia de las formaciones del yo. Destaca el carácter inicialmente metonímico del yo en la medida en que “el yo no está incluido de entrada en el lugar del A, exige una escansión para definirse, para estabilizarse…” La constitución metafórica del yo lo equipara en cierto modo al síntoma, que es también metáfora, y por eso se ubica en el grafo abajo del s(A), “lugar por excelencia del síntoma”. Así, el yo puede ser metafórico al igual que el síntoma:

“…esas metáforas yoicas como los significados que determinadas escansiones estabilizan, creando esas metáforas estabilizadas que serían una primera forma de definir el carácter, esas formas sintomales del yo.”

Concuerda en esto con Miller para quien el término narcisismo da cuenta de la conjunción del goce con lo imaginario (página 232 de De la naturaleza de los semblantes)

Señala entonces que “estas estabilizaciones metafóricas” no alcanzan para dar cuenta de “este retorno que apunta a lo real”. Concluye que “esa nada que es el (a), sostiene tanto a las metáforas como a los aspectos imaginarios del yo.”

El goce juega un papel en la inercia del yo “que no se agota en lo especular”. El goce estaría “en el centro mismo del yo” en tanto el a es también plus de gozar y no solamente causa del deseo. El a como “paño del sujeto” le brinda consistencia y estabilidad al yo que es su vestimenta.

Más adelante dirá que “Este aspecto real del yo se resuelve y se ubica del lado del “yo no pienso” de la opción alienante”. También se apoya en un párrafo del Seminario XX donde Lacan destaca que es el a como resto lo que sostiene a la imagen del yo.

Diana Rabinovich subraya la idea del carácter como “metáfora estabilizada”. Según ella esta definición del carácter “nos lleva hacia el problema de los aspectos reales del yo”. La misma definición banal del carácter implicaría, de acuerdo con la autora, la alusión a lo real como lo que vuelve siempre al mismo lugar. Cabe señalar el párrafo “…el carácter adquiere una de las formas con las que Lacan definió a lo real: lo que vuelve siempre el mismo lugar, aquello que, como el movimiento de los astros, es predecible, lo que en alguien siempre retorna.”

(D. Rabinovich, , La teoría del yo en la obra de Jacques Lacan, Ediciones Manantial, Buenos Aires, 1984.)

La idea de metáfora estabilizada merecería la consideración especial sobre diversos estatutos de la metáfora. Supone de alguna manera la estructura neurótica y cierto funcionamiento de la metáfora paterna. Pero así como existen metáforas cristalizadas en el idioma, figuras retóricas ya establecidas que tienen un mínimo poder de enunciación y de creación de sentido, cabe pensar si en algunos casos el carácter como metáfora no obedece al mismo principio. El carácter como nombre asignado por el Otro, y que el sujeto tiene sin poder, sin embargo, acceder a él, servirse de él. Se presenta mucho más metaforizado por el Otro que con la capacidad de metaforizarse a sí mismo, más estabilizado que apto para estabilizarse. Dicho de otra manera, el carácter sería como una herencia de la cual el sujeto goza sin haber podido nunca, como Goethe recomendaba, apropiarse de ella.

 

Sami-Ali y la represión caracterial

Hace un estudio del caso de Fritz Zorn, un paciente con cáncer, a través de su autobiografía. A partir de ahí analiza lo que llama “represión caracterial”. Zorn establece un lazo entre lo que él es y el cáncer que tiene. Ve el cáncer como una enfermedad del alma, pero Sami-Ali advierte que “su alma está enferma desde siempre pero la evidencia sólo se impone cuando se presenta el cáncer. Se describe como alguien “educado a muerte”, y por eso para el autor el eje del caso está en la formación caracterial.

“…denota menos el fracaso de la represión y el retorno de lo reprimido por la vía de los síntomas neuróticos o psicóticos que el triunfo de la represión que se mantiene duraderamente.”

“Funcionar sin fallas de manera permanente exige que la represión deje de ser un proceso parcial para integrarse al conjunto del funcionamiento”.

Dice que “la máscara ha devorado al rostro” en tanto Zorn se presenta como “el conformista perfectamente educado”. El conformismo “no es astucia y estratagema sino dificultad radical de ser diferente, de introducir lo negativo. Se observa en el caso una “depresión a priori”, anterior a todo acontecimiento y que condiciona todo acontecimiento. “Depresión paradójica, en consecuencia, que se ignora a sí misma como depresión”. Para Sami Ali “…la represión caracterial afecta la función de lo imaginario en toda su extensión”

(Sami Ali, , Pensar lo somático, El imaginario y la patología, Paidós, Buenos Aires, 1994)

Los desarrollos expuestos nos llevan hacia la lógica del pasaje al acto y a la operación de alienación que le es concomitante según la conceptualización que Lacan hace en el Seminario 14.

 

Una referencia freudiana

En La interpretación de los sueños Freud habla de la susceptibilidad como un “rasgo de carácter principal” –Hauptcharackterzug- de la histeria. Más allá de la susceptibilidad como fenómeno imaginario, lo que está en juego es una posición del sujeto en el fantasma histérico de seducción. Esa posición fantasmática anuda un goce y una serie de identificaciones nucleadas en un rasgo que a efectos de la descripción podríamos resumir en el significante “víctima”. La posición reivindicativa y querellante del sujeto histérico no deja de estar sostenida en un significante amo que la fija bajo la insignia de la victimización, opresión, exclusión, etc. Todo se reduce a la excepcionalidad de la histeria que describe Miller en El hueso de un análisis. Esto se produce de un modo análogo a la identificación con el amo muerto en la neurosis obsesiva.

La noción de carácter puede ser puesta en relación con la de sinthome, apoyándonos en los desarrollos de Freud, Reich y Fenichel. Es demostrable que en Reich la “coraza caracterológica” se presenta como una fusión del síntoma y el fantasma. Se destaca la noción freudiana de defensa primaria, así como la noción de “represión caracterial” en Sami Ali. La homología del fantasma y el carácter del yo ha sido señalada por D. Rabinovich, y la relación entre narcisismo, goce y rechazo del inconsciente se establece fácilmente en las enseñanzas de Freud y Lacan. El sinthome obsesivo presenta varias diferencias con el sinthome joyceano que pueden ser aisladas. Sobresale en todos los autores el estatuto del carácter como refractario al deseo. Pero la mayor dificultad, y el punto de mayor interés, reside en la pregunta por el estatuto del carácter más allá de la neurosis obsesiva y los rasgos anales ¿Hay “neurosis de carácter” fuera de la neurosis obsesiva? Aquí se propone apelar a dos ideas freudianas: a) La noción de “tipos libidinales”, que no es idéntica a la de carácter pero presenta puntos de conexión b) La noción freudiana de “neurosis de destino”, muy poco explorada pero estrechamente vinculada a la de carácter, sobre todo si pensamos, con Lacan, que la “coraza” de Reich es, en realidad, “un escudo”. Fatalidad, destino y nominación van juntos. Esto lleva a pensar en un tipo de defensa que genera un “retorno desde lo real” que no es precisamente el que se opera en la psicosis. Carácter y Destino la referencia del camino que estamos siguiendo.

Marcelo Barros | Psicoanalista