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A propósito de la saga “Crepúsculo” | Marcelo Barros | Psicoanalista
CLÍNICA
Carne freudiana
por Marcelo Barros
Chico MendesChico Mendes

La vida sexual del hombre culto ha recibido grave da√Īo, impresiona a veces como una funci√≥n que se encontrara en proceso involutivo‚Ķ
S. Freud

Lo que se come no se llora
Un gaucho

¬†Este breve texto no representa el punto de vista del psicoan√°lisis, sino el m√≠o. No ocultar√© mi poco conocimiento sobre el veganismo, ni el hecho de no ser invulnerable a los espejismos del prejuicio. Las ventajas o inconvenientes diet√©ticos de esta pr√°ctica est√°n fuera de mi incumbencia. Tampoco discuto sus razones ambientales, seguramente atendibles. Aunque sospecho de un mundo que le dio la espalda a Chico Mendes, mientras pone en el centro de la pantalla global a Greta Thungberg, lo cual, por supuesto, no es culpa de ninguno de los dos. Volviendo al veganismo, lo que m√°s me interesa es su fundamento √©tico. Seg√ļn entiendo, √©ste reside en la abominaci√≥n de la violencia que implica el ¬†“asesinato” de un ser “sintiente”. Dejemos de lado el debate sobre si las plantas lo son o no. M√°s espinoso ser√≠a considerar el caso del embri√≥n humano. Una vegana dijo en televisi√≥n que “matar una vaca es un crimen, y practicar un aborto es un derecho”. Acuerdo con lo √ļltimo, pero no puedo evitar percibir una contradicci√≥n con lo primero. En cualquier caso, me repugna el moralismo, sea conservador o progresista. No s√© si esta pr√°ctica representa la opci√≥n individual por un modo de vida mejor, o implica la compulsi√≥n evang√©lica hacia los que no se han¬† “convertido”, junto con la censura moral para quien goza de manera diferente. Seguramente existe m√°s de un modo de ser vegano, porque hay diversas formas de abrazar una idea. Si forma parte o no del neopuritanismo de la sociedad progresista, eso seguramente depende de cada sujeto. ¬†

Lejos de ser un “retorno a la naturaleza”, el veganismo es la expresi√≥n de la cultura capitalista y urbana de la sociedad liberal, cuyo pathos esencial es el del rechazo de la violencia. El liberalismo considera violenta la intervenci√≥n del estado, y aspira a una funcionalidad radical para la cual lo cortante de toda decisi√≥n pol√≠tica o individual es violencia. La autoridad es violencia. Matar una cucaracha es violencia. La correcci√≥n pol√≠tica de la √©tica capitalista denuncia micro-agresiones en todos lados, lo que lleva a la creciente protocolizaci√≥n de las relaciones, que es lo propio del orden de hierro que se va construyendo. Hallamos un extremo de esta aprehensi√≥n fundamentalista en los veganos que separan a los gallos de las gallinas “para evitar que las violen”. Se dir√° que el ejemplo est√° mal elegido, pero lo encuentro paradigm√°tico. Porque el veganismo puede ser, acaso entre otras cosas, la continuaci√≥n de la cruzada que las religiones monote√≠stas emprendieron contra la carne desde hace dos mil a√Īos. Con fracaso considerable. Ello no contradice su funcionalidad a un capitalismo que hunde sus ra√≠ces en la √©tica calvinista.

¬†No podemos dejar de lado que el significante carne es met√°fora del deseo sexual, ni tampoco el auge abstencionista que lleva a erradicar el t√©rmino sexo del lenguaje acad√©mico. Ello deber√≠a avisarnos sobre la pretendida permisividad de la cultura post-patriarcal. El Carnaval es la esencia de toda fiesta ‚Äďinstituci√≥n masculina si las hay-, y significa “quitar la carne”. La fiesta le daba un lugar a eso, al exceso. Por eso no es de extra√Īar que la mojigater√≠a liberal aliente la explosi√≥n pornogr√°fica que ella misma censura. Aqu√≠ el veganismo, por su parte, revela bajo la l√≥gica de la formaci√≥n reactiva, la verdad de la sociedad capitalista que es la de su canibalismo esencial. Es lo que Hobbes consider√≥ como un rasgo primordial de la burgues√≠a. Despu√©s de todo, la identificaci√≥n con el animal en tanto semejante eleva fantasm√°ticamente el consumo de carne a la categor√≠a del canibalismo. La repugnancia moral ante el consumo de carne evita incorporar los restos de un acto violento. Se come un “objeto malo”, que es el objeto fragmentado, da√Īado, asesinado. La carne corrompe a quien la come, que por ese acto entrar√≠a en comuni√≥n con el matarife. En este √ļltimo caso se tratar√≠a m√°s de una incorporaci√≥n, que de esa identificaci√≥n especular en la que se funda la “empat√≠a” con el animal.

Si la pr√°ctica del veganismo se pretende contestataria, hay que advertir que ella no deja de ser funcional a la sociedad post-patriarcal en la que la compasi√≥n hacia la v√≠ctima es el sustituto del odio al Otro. Una compasi√≥n que contrasta con el hecho de que esa sociedad es un barrio cerrado, y que detr√°s de los muros se amontonan masas de hambrientos gui√Īapos humanos. Deteng√°monos en ellos, en los “b√°rbaros”, cuyas costumbres salvajes son despreciadas por el neo-puritanismo progresista. Porque el progresista realiza la misma funci√≥n que cumplieron los misioneros jesuitas que buscaban la conversi√≥n pac√≠fica de los pueblos originarios. Si sus intenciones eran buenas, contribuyeron de manera importante a su exterminio al privarlos de sus rituales y su identidad cultural. ¬†De manera similar, los progresistas impugnan los rituales comunitarios que alimentan el esp√≠ritu de complicidad, que es el verdadero fundamento del lazo social. Porque para Freud en el origen est√° la violencia, √©sa que por tener cada vez menos lugar est√° lejos de desaparecer. El veganismo tiene alguna raz√≥n al criticar al capitalismo y sus vastas maquinarias de producci√≥n de cad√°veres animales. Pero por otro lado contribuye con la √©tica igualitaria del mercado que suprime las formas culturales que le son ajenas y que borra los restos que todav√≠a persisten de las tradiciones rurales. Hasta donde s√©, el veganismo parece inscribirse en el proceso de homogenizaci√≥n promovido desde los poderes establecidos.¬†

¬†√Čste es otro avatar del mundo que se pretende feminizado, y que no es otra cosa que un mundo desvirilizado. Porque lo viril ‚Äďhoy sin√≥nimo de barbarie- empujado hacia los m√°rgenes, ha quedado del otro lado del muro, y amenaza retornar con las invasiones b√°rbaras. Aqu√≠ el abstencionismo de carne se inscribe en el m√°s amplio marco de la victimizaci√≥n generalizada, en el que el var√≥n es el victimario par excellence, en tanto portador del significante de la carne. ¬†Si hay un goce de la abstenci√≥n, esta vez no se trata del “atrac√≥n de nada” de la anorexia, sino de la interiorizaci√≥n de las tendencias agresivas que, para Freud, caracteriza al sujeto de la modernidad. Acaso nos hallamos ante un banquete tot√©mico invertido, si no ignoramos que el Urvater se encarna en el animal sacrificado. La negativa a la incorporaci√≥n del padre, y a la complicidad de su asesinato es otra forma de preterir su funci√≥n, y de rechazar la masculinidad, para la cual esa incorporaci√≥n es esencial.

¬†Queda plantear la pregunta sobre hasta qu√© punto el neo-puritanismo penetra en el psicoan√°lisis, sobre todo cuando se abstiene de incorporar a Freud. Lacan advirti√≥ que el deseo sexual era algo progresivamente ocultado por sus contempor√°neos. Pero influenciados por la inquisici√≥n progresista y su declarada enemistad con el falo, hoy parecemos dispuestos a depurar de “carne” la teor√≠a. Se postula el monismo del et√©reo goce femenino, y el falo, que brilla en todas partes, es vergonzosamente ocultado por la parte mojigata de la comunidad psicoanal√≠tica. Ni el moralismo religioso lleg√≥ a tanto. Ciertamente no debemos ser garantes del orden conservador. ¬ŅLo seremos del nuevo orden moral? Mientras tanto, debemos preguntar por qu√© si el discurso progresista quiere sujetos descarnados, no sexuados, des-construidos, no se recurre entonces al n√ļmero, libre de g√©nero, sexo, y carne. Como en Auschwitz. Despu√©s de todo, Hitler era vegetariano y muy emp√°tico con los animales.

Marcelo Barros

Infobae, 10-9-2019, “Almas veganas: el colectivo de animalistas que no junta gallos con gallinas porque no quieren que las violen”
Freud, S., Obras Completas, “T√≥tem y tab√ļ”, Biblioteca Nueva, Madrid, 1973
Freud, S., Obras Completas, “El malestar en la cultura”, Biblioteca Nueva, Madrid, 1973
Lacan, J., El deseo y su interpretación, Paidós, Buenos Aires, 2014, páginas 13 y 48
Lacan, J., Aun, Paidós, Buenos Aires, 1981, página 43

Marcelo Barros | Psicoanalista