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El psicoanalista y los nacionalismos | Marcelo Barros | Psicoanalista
LA ÉPOCA
El psicoanalista y los nacionalismos
por Marcelo Barros
Águila romana

…levantaron en Jerusalén un gimnasio al uso de los paganos, rehicieron sus prepucios, renegaron de la alianza santa para atarse al yugo de los paganos, y se vendieron para obrar el mal.
Macabeos, I, 14-15

De modo que para mí, la patria importa…
J.-A. Miller, "Todo el mundo es loco", p. 83

Más allá de la referencia al estado moderno, se pueden dar otros sentidos a la palabra "nación". Podría aplicarse a cualquier comunidad que comparta lengua, costumbres y organización. No es impropio hablar de la "Nación Sioux", o la "Nación Mapuche". Si el término "nacionalismo" se asocia rápidamente con Mussolini o Hitler, también podría evocar a Mahatma Gandhi, José Martí, Nelson Mandela, José de San Martín, Tupac Amaru, Vercingetorix, o los Macabeos.

Proteccionismo

Un psicoanalista no podría celebrar el nacionalismo mientras implique la exclusión del Otro, el fanatismo, la agresividad, el rechazo del pensar, de una masa mínima o dilatada. No imaginamos en el diván de Freud a un miembro de la Sturmabteilung. De hecho, cualquier "ismo" es un obstáculo al pensar, porque una cosa es abrazar una idea y muy otra someterse a ella. Freud declaró que su condición de judío lo había acostumbrado a no dejarse llevar por los espejismos de la generalidad. Lacan supo señalar la afinidad del psicoanálisis con lo femenino, viendo como un rasgo sobresaliente de ambos el "vetar toda universalidad".

¿Pero no es un lugar común rechazar el nacionalismo justamente en nombre de la universalidad? Hay gente "civilizada" que se siente "ciudadana del mundo". Declaran su fe en eso, en el "mundo". La antigüedad lo llamó "Roma". Hoy lo llamamos de otra manera. Acaso universalismo y nacionalismo no sean más que dos variantes de una misma fascinación narcisista por el "todo".

Arturo Jauretche

Las cosas no se acomodan fácilmente a los clisés de la corrección política. La pregunta que nos interesa es si el la protección de la propia comunidad conlleva necesariamente hacer de ella un todo. Al contrario, bien puede implicar el reconocimiento de que el Otro que pretende arrogarse el "universo", en realidad no lo es. Arturo Jauretche veía el nacionalismo como la defensa de la propia "tribu", y esa defensa consiste en darse cuenta de que quienes dicen ser el universo son, en realidad, otra tribu.

Las reacciones contra la globalización son diferentes. No es lo mismo el nacionalismo de un país con una tradición expansionista y agresiva, que el de un país periférico y acostumbrado a ser colonizado y que a duras penas trata de defender un elemental respeto por sí mismo. Según Hobsbawm, la primera crisis del capitalismo que comienza sobre fines del siglo XIX, exacerbó el nacionalismo y el proteccionismo económico de las potencias europeas. La expansión agresiva y competitiva de esas economías rivales culminó en la Primera Guerra Mundial. Una segunda crisis del sistema capitalista llevó a la emergencia del fascismo. Pero si el "republicanismo" liberal asimila los movimientos populares latinoamericanos al fascismo, buscando sus analogías sin considerar sus notorias diferencias, cabe recordar que el fascismo fue un fenómeno europeo. Sobre todo imperialista y propio de países centrales acostumbrados a ser metrópolis colonizadoras.

Cornel West

Hannah Arendt observó con acierto que lo primero que hicieron los nazis con los judíos fue quitarles la ciudadanía, porque con los apátridas se puede hacer lo que a uno le de la gana. Aquí en Argentina lo hemos vivido: no es lo mismo un detenido que un desaparecido. Frente a un poder global que detrás de su bandera de pluralidad arrasa con toda diferencia, la identidad importa. Hoy hay que ser afroamericano, como Cornel West, para decir que "la raza importa". Porque el progresismo políticamente correcto es funcional al poder homogenizador de la cultura global del mercado. En nuestro país se ha luchado mucho por la identidad. Eso, como el nombre, también importa. Se trata de usarlo sin idolatrarlo. Como psicoanalistas es importante percibir que el narcisismo no es una exaltación de identidad, sino todo lo contrario, porque en el fondo abomina de las marcas que lo limitan. Por eso ante una homogeneidad intolerable hay personas que se las producen de modo violento.

Marcelo Barros | Psicoanalista