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Sin fondo | Marcelo Barros | Psicoanalista
LA ÉPOCA
Sin fondo
por Marcelo Barros

La voz alemana Schuld significa "culpa" y "deuda" a la vez. Los Setenta muestran la misma equivalencia: et dimitte nobis debita nostra –"y perdónanos nuestras deudas"-. Ambas nociones se confunden en muchas expresiones ("debía una muerte", "pagó su deuda con la ley"). La condición culpable/deudora del sujeto siempre fue un rasgo de la sociedad patriarcal, exacerbado por el monoteísmo. ¿Quién podía mantenerse libre de culpa ante el catálogo de prohibiciones imposibles de no transgredir por acción o pensamiento? Las religiones están lejos del ocaso anhelado por el candor progresista, pero es evidente que la intolerancia se ha relajado comparativamente mucho. J.-A. Miller comenta que hoy "la interdicción cede ante el permiso" y que la sociedad liberal nos concede "generosamente" el derecho a nuestras creencias y nuestro modo particular de goce (Punto Cenit, Colección Diva, Bs. As., 2012, p. 81-82). Acaso sea un mal hábito sudamericano lo que me lleva a desconfiar de esa "generosidad". Si es evidente lo que el autor afirma, cabe, sin embargo, la objeción. ¿Puede haber "permiso" en la declinación del Nombre del Padre, siendo esa función la que habilita la excepción a la regla? ¿La sociedad liberal permite el goce o más bien lo exige? Ambas cosas pueden darse. Pero el sujeto moderno no parece menos cargado de exigencias, ni menos deudor. De hecho, el paradigma hegemónico del libre mercado implica estructuralmente el endeudamiento creciente de gobiernos e individuos. Estados Unidos, principal deudor del mundo, hace poco estuvo al borde de la cesación de pagos (La Nación, 13-10-2013). Cotidianamente el sujeto es incitado al endeudamiento, a tomar crédito. Para consumir lo que no necesita y más allá de sus posibilidades. Si no quiere "perder crédito" deberá producir más para cubrir exigencias mayores. En principio esto sería un signo de progreso y crecimiento. ¿No es propio de la humanidad elevar el nivel de posibilidades, ir "más allá" de todo límite? Tal vez. Pero Freud describe al Superyó como la instancia que nos exige lo imposible. Es el imperativo de consumo sin límites que nos fuerza a llenar el tonel sin fondo de las Danaides. La clínica nos enseña que es bueno saber cuándo "parar", y hasta puede ser afortunado "tocar fondo" antes de la muerte o algo peor. Hoy se levantan muchas alarmas sobre los límites del crecimiento económico a nivel global. ¿Qué hemos de entender por "progreso" hoy? ¿El paradigma liberal del rédito inmediato, del descarte, de la polución y la exclusión crecientes es la única forma de concebirlo? Incumplir una deuda es ciertamente censurable. Pero la posición del prestamista no está exenta de sadiana perversidad cuando clama su derecho a saciar su voracidad insaciable. Más allá de las corporaciones financieras, el buitre "interior" devora las vísceras del moderno Prometeo, emancipado de la amenaza del infierno, pero torturado por el abismo del fracaso y el sentimiento de nunca ser lo suficientemente feliz. Como el mercado manda.

Marcelo Barros | Psicoanalista