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Platos rotos | Marcelo Barros | Psicoanalista
POÉTICA
Platos rotos
por Marcelo Barros
Platos rotosSilvia Creo Leiva, "El amor después del fin del amor" (detalle)

No son los de la celebración, sino los del hartazgo. Resultado del necesario desborde, no del descuido accidental. Los fragmentos se quiebran y no se entienden porque no encajan entre sí. Vienen de vajillas diferentes. Se rompen, pero no se separan. Porque en la separación, cuando es genuina, hay paz. Mientras se rompen platos el malentendido continúa. Platos rotos, teléfono roto, corazón roto, huevos rotos. Así prosigue el esfuerzo insensato de mantener unido lo que no puede unirse. Romper los platos es un sinceramiento. Un manifiesto contra esa cosa redonda que nos recuerda la falsa luna, tan globito ella, llena de miel y de armonía. Hay que romper los platos para verle la otra cara, la de la luna alunada, matutina, llena. Llena. Luna con cara de luna, luna enculada mal. Hay que quebrar esos bordes de prolijidad insoportable. Ella –sobre todo ella- tiene que romper los platos que él, cualquier él, y no solamente "su" él le mandó lavar. Romperle los platos por la cabeza. Metérselos por el trasero no, porque los fragmentos por ahí lo lastiman, y además encima el muy perro lo disfruta. Su ser más íntimo de mujer está en los fragmentos del plato roto que ni siquiera es un mismo plato. Porque ella, caótica, no es una sola y sus bordes no son suaves sino filosos. Cada tanto debe romper el orden y el método que invaden hasta la intimidad, con un despertar quebrado y sonoro, para sacudir tanto silencio imbécil. No habrá paz entre ellos. Pero, como dijo Heráclito, la guerra es el padre de todas las cosas. Si el corazón no cesa de romperse es que hay que poner a prueba los materiales para construir algo. ¿Construir qué? Un plato roto, boludo ¿qué más? Así avanzan por la vida eso que llaman "las parejas". Así se mantienen juntas, como los fragmentos de platos rotos en el mismo tacho de basura. Fragmentos de fragmentos de fragmentos. Desunidos, pero juntos. Además, no hay nada que unir. Eso si, hacen ruido cuando chocan entre sí. Y ese ruido parece, a veces, música.

Marcelo Barros | Psicoanalista